White Lady: los amores al límite

Prefiere que la conozcamos por Blanca, que en argot delictivo significa sin antecedentes penales. Es un nombre con el que se identifica porque le recuerda a la luz entre las sombras. Eso le gusta pensar. Hoy tiene 45 años y en un esfuerzo por reavivar sus recuerdos y emociones más intensas nos relata con detalle cómo vivió su juventud durante los años 80 en Valencia. Una ilustrativa muestra de lo que significó para una mujer convivir junto a la droga y junto al VIH en un momento de democratización de las efervescencias. Seguir leyendo

Llegar a ser high level

Juan Carlos tiene 51 años y desde hace más de treinta consume heroína. Ha pasado la mitad de su vida en una veintena de prisiones y su lema siempre ha sido ir un paso por delante de los demás porque el que va primero, va dos veces. Contrajo el VIH por alquilar una chuta en la cárcel y la última vez que quedó libre se miró al espejo y sintió miedo de contemplarse envejecido. Juáncar lleva ocho meses limpio y esta es su historia de carreras.  Seguir leyendo

Lo capicúa que hay en mí

No había dejado de querer ser mujer cuando salió de la cárcel, pero lo había pensado concienzudamente y decidió que era la opción más adecuada para mantenerse alejada de las drogas y de la prostitución. La sociedad no estaba preparada para aceptarla como mujer transexual y Domi se cansó de ser el estereotipo que todos habían hecho de ella: una artista de la farándula y, cuando no, carne de cañón a servicio de cualquier hombre en plena calle de la Paz.  Seguir leyendo

A mi hija, a su pesar

Hola, Érika:

Aquí me tienes, después de tanto tiempo ¿cuántos son ya?, ¿ocho años sin hablar? Hay que ver, los días pasan volando y cuando me he querido dar cuenta tú ya tienes 30 años y eres toda una mujer. Te he visto alguna vez comprando en el mercado, de soslayo, pero qué puedo decirte, nunca me he atrevido a lanzarte una palabra. Me siento paralizada y temo que me ignores. Es verdad, ha pasado mucho tiempo y yo he cambiado demasiado. Te alegrará saber que ya no lloro tan a menudo; es por eso que he encontrado las fuerzas para contar mi historia con la esperanza de poder mostrártela algún día. Si soy sincera, una parte de mí desea que por mera casualidad seas tú quien dé con este relato. Eso sería lo más cómodo para mí, quizás porque me aterroriza no llegar a sacar nunca el valor para explicarte toda la verdad. Sin embargo, por lo pronto, me contento con pensar que este escrito podría, tal vez, ser un primer paso para volver a crear algo contigo. Lo hago para bien, pero tengo miedo de que éste no sea el mejor modo. En todo caso, esta es mi verdadera historia y está dedicada a ti. Seguir leyendo

Historia reciente de un falso positivo

¿Lo tuviste? ¿El VIH? Pero ¿cómo, Luisa?, ¿acaso no es una locura lo que dices? La invitan a pensar de inmediato sus interlocutores. Cualesquiera. No importa quién se decida a cuestionar su relato, las reacciones de Luisa son eternamente insólitas, llenas de carisma. Así es ella, siempre dotando de vehemencia los descuidos y tropiezos de la oficiosa espontaneidad institucional. Seguir leyendo

Mencionar el VIH

Cuando acudió a consulta para saber por qué se sentía tan falto de energía, el médico le invitó a iniciar un tratamiento con psicofármacos y trató de convencerle de que padecía los síntomas habituales de una depresión común. Luis había dado positivo en VIH, pero el doctor pasó por alto comunicárselo: “siempre he querido pensar que se trató de una equivocación sin intencionalidad. Sin embargo, ese olvido del doctor no fue baladí, pues de haber conocido ese dato quizás mi novio no tendría también VIH”. Seguir leyendo

La mujer rota, una crónica

“Mi marido y yo abandonamos Senegal ilusionados, buscando aumentar nuestra calidad de vida en España y, en mi caso, buscando acceder a las oportunidades que me habían sido negadas en mi país. Como es normal, el tiempo y las circunstancias acabaron por enfriar nuestra relación, a pesar de que las temperaturas de Canarias son suaves todo el año -bromea-. Así que por inercia ambos dejamos de tener sexo. Yo pensaba que esto le pasaba a todas las parejas que llevaban mucho tiempo, así que terminamos acostumbrándonos. Un buen día mi marido cambió de repente y se empeñó en penetrarme a todas horas. Me extrañaba ciertamente su actitud pero yo accedía, siempre, porque mi religión dice que la mujer debe corresponder obediente las apetencias sexuales del marido. Él me ocultaba que tenía VIH y quiso que yo también lo tuviera”. Seguir leyendo

Memorias de un largo viaje

La relación con su padre nunca había sido demasiado estrecha, pero en 1990 Juan se empecinó en acompañarlo a Valencia con el pretexto de ayudarle a gestionar una herencia familiar. Por entonces tenía 30 años, estaba sumido en una profunda depresión y lo que realmente deseaba era encontrar una oportunidad para comenzar una vida nueva lejos de Brasil, alejado de situaciones amenazantes. Juan desconocía que su mayor enemigo estaba dentro de sí mismo y lo acompañaría donde quiera que fuera. Seguir leyendo

Varias dosis de Enrique

“De pequeño me junté con quinquis y tiré del bolso de más de una vieja, después fui con hippies y vendía pulseritas mientras me ponía hasta las trancas de mescalina, mi droga preferida. Pero conocí la Ruta del Bakalao y Valencia se convirtió en mi lugar preferido para vivir”. Este conjunto de historias arrancan su historia de vihda. Este es Enrique en pequeñas dosis. Seguir leyendo